Se cuenta que de bebé lloraba incontroladamente con el sonido de la música. De pequeño, cariñosamente la familia le llamaba Frycek (Fede). Era un chiquillo de claros ojos castaños, rostro fino y cabellos rubio ceniza. Cuando empezaba a andar se le encontraba agazapado bajo el piano para así oír mejor la vibración de las cuerdas. Se cuenta que una noche, cuando tenía cuatro o cinco años, la criada le vio bajar de la cama, dirigirse al salón y tocar sobre el clavicordio las piezas predilectas de su madre. La criada se lo contó a Justyna y ésta tras escucharlo durante un buen rato se le acercó y le dijo:
“Está muy bien, Frycek pero ahora debes acostarte”. El chiquillo contestó:
“Perdón, mamá, lo hacía únicamente para poder tocar por ti cuando estés cansada.”
Junto a su hermana Emile confeccionaba un periódico con el que irónicamente parodiaba el ‘Correo de Varsovia’.